El jurado del II Concurso de Filosofía y Fotografía «La belleza, apariencia y realidad», tras analizar las 78 obras presentadas y los textos que las acompañan, ha decidido que las 20 finalistas sean las obras que a continuación se muestran por orden alfabético. El jurado quiere resaltar la calidad de todas las obras participantes y agradecer a todos su participación. En próximas fechas, el jurado decidirá las obras ganadoras, que se comunicarán también en esta web y en la cuenta de Instagram del instituto. ¡Enhorabuena!

 

«El camino». Ana Alcázar.
La imagen transmite una sensación de paz y armonía con la naturaleza, con un camino rodeado de árboles frondosos que parecen que están abrazando el sendero. La luz intenta atravesar las hojas creando sombras que oscurecen el camino provocando una sensación de frío. Cuando la ves de primeras, parece el paraíso, sin embargo, es un parque por el que la gente pasea a menudo y normalizan su belleza y la paz que refleja.

«Las lágrimas del olvido». José Castañeda.
La realidad de una ventana mediante la cual la apariencia se vuelve invisiblemente bella, cayendo gotas como lágrimas que nublan lo exterior, ¿conseguirán algún día secar y dejarnos ver lo que hay detrás de una pantalla transparente? La respuesta siempre la encontraremos desde lo profundo de nuestra consciencia, ¿son lágrimas o pureza de lo inaparente?

«Historia de la belleza». Manuel Castañeda.
Pureza histórica de todo lo que algún día vieron como real, y que a día de hoy se convierte en la belleza de un recuerdo, aquel que no se esfuma ni con el paso del tiempo, observando los restos de belleza hechos rayos de luz en el fondo de aquello aparente. Encontraremos la luz, la consideremos real o no, siempre hallará partes bellas de nuestro interior.

«Florecimiento latente». Mercedes Domínguez.
El árbol desnudo parece inerte, pero en el interior de éste la vida sigue su curso. Sus raíces van creciendo en lo invisible, se van aferrando en la tierra, pues el árbol se encuentra acumulando fuerzas para renacer. La belleza no está únicamente en lo que se ve, a veces lo más bello es aquello que aún no ha florecido.

«La infancia, último refugio». Lucía Fernández.
El niño sonríe, el hombre recuerda. La pobreza es una carga, pero él logra evitarla. El niño juega sin temor, ajeno a la dureza de su entorno. No posee riquezas, pero sí posee su infancia; no tiene certezas, pero aún sueña. A su lado, el hombre lo observa, sintiendo la nostalgia de quien alguna vez también corrió sin preocupaciones. La inocencia puede resistir el paso del tiempo, pero tarde o temprano, la realidad la alcanza.

«Rompiendo los esquemas de la apariencia». Felipe Fernández.
Hablan de la diferencia entre lo aparente y la realidad, con lo emotiva y perspicaz que es la belleza en su momento de roce, cuando consiguen crear un ambiente en el que lo que se perciba sea una mirada de apego sin prejuicios ni rechazo hacia lo distinto.

«La belleza interior». Claudia Fernández.
La foto que he hecho representa cómo es posible hacer una imagen con objetos tan simples como por ejemplo es utilizar una botella. La belleza de la imagen se ve en el interior de ella ya que fusiono la naturaleza con el uso de la tecnología para crear ese efecto de playa creando así una perspectiva de interioridad concentrándose toda la luz en la figura protagonista que en este caso es la Torre de Pisa.

«¿Tenedor o cuchara?». Lola Franco.
La apariencia no siempre muestra la verdadera realidad, esta es solo un reflejo de nuestra percepción. Lo que creemos observar no es siempre es lo que realmente es.

«Mirar a través del filtro». Gonzalo García.
La imagen me transmite belleza por el paisaje. Es la apariencia ya que se ve a través de un »filtro» que es la ventana y la realidad ya que es un paisaje que veo todos los días.

«La vida entre las nubes». Silvia García.
A través de la ventanilla de un avión, suele reflejarse la ilusión de un sueño cumplido: un nuevo destino, un reencuentro o el regreso a casa. Sin embargo, no todos vuelan por placer; algunos buscan refugio o huyen enfrentando las incertidumbres de la migración. Romantizamos el acto de viajar, olvidando que cada pasajero carga una historia única.

«Más allá de mi cámara hay un mundo». Alba Nerea Guevara.
La belleza icónica de esta fotografía es captada por una cámara en donde vemos reflejado la Torre Eiffel. Esta se interpreta de distintas perspectivas según cada persona, lo que nos hace reflexionar sobre la relación entre lo que hay realmente y la apariencia que capturamos con nuestra cámara.

«La unión de lo humano con lo natural». Elvira Herrera.
En esta imagen queda reflejada la belleza artificial (los campos de trigo), que se ve enriquecida por la belleza natural, (las margaritas). Por separado son dos mundos monótonos, pero la naturaleza salvaje se abre paso en el lado humano.

«El reflejo de nuestra mirada». Marina Jiménez.
Al mirar hacia abajo y observarnos a nosotros mismos, lo vemos todo lúgubre, sin valor, un
reflejo de algo que debería de ser hermoso. Sin embargo, cuando miramos hacia arriba, hacia
otras personas, apreciamos su color, uno que quisiéramos tener para nuestro propio ser. Lo
que no queremos ver es que esas personas nos ven a nosotros como el color que ellos
quisieran. Nunca es suficiente cuando se trata de autoexigencia.

«Rozando la piel», Marta Julián.
Un único anillo, sencillo y eterno, abraza una mano que cuenta historias. Las arrugas son mapas del tiempo, son testigos de un amor que no se borra con la ausencia. Entre apariencia y realidad, existe una belleza que florece en la memoria, donde lo efímero y aparentemente finito se vuelve interminable.

«El príncipe». Miguel Magdaleno.
En nuestra sociedad, aceptamos ciertos cánones de belleza pensando que es decisión propia cuando en realidad son las industrias como la del maquillaje las que nos los imponen indirectamente. No obstante, somos felices y sonreímos aunque no nos agrade, pues aparentar algo que no somos resulta un precio asequible cuando se trata de encajar en la sociedad. En la imagen, el príncipe (representando a una sociedad que no deja de ser una marioneta), está siendo maquillado por unas manos (industrias). Estas manos son entidades capaces de guiar al príncipe por su condición de títere. Aún con esta situación, el príncipe no deja de sonreír.

«Camino al cielo». Paula Olivero
La imagen muestra un cielo teñido de colores cálidos y nubes que contrastan con la rigidez de las líneas blancas. Esto nos recuerda que, en la mayoría de ocasiones, la belleza se encuentra en la combinación entre lo natural y lo artificial y que no es fija, puede cambiar según la perspectiva y en este caso, la luz que la ilumina.

«La realidad oculta por la belleza». Silvia Rodriguez.
Tras la frágil apariencia de esta mariposa se esconde su lucha por la supervivencia y la transformación en un mundo de constantes cambios, lo que nos recuerda que la belleza es pasajera en él y que la realidad va más allá de lo que vemos a simple vista.

«Soleado por fuera». Héctor Perujo.
En esta foto del centro de Madrid, se puede representar cómo mientras algo parece bonito y soleado por fuera, la mente puede tener pensamientos que oscurecen nuestra realidad, que son las nubes.

«Fiore». Nazaret Rejano.
Una fotografía, por muy bella que sea, no posee su realidad completa ya que el olor, textura y esencia de esta flor no pueden ser atrapados en una imagen. Así, solo aquellos que perciben lo incorpóreo discuten si lo que vemos es suficiente para comprender lo que es para ver esa realidad.

«El arco eterno de la naturaleza». Fernando Sivianes.
La armonía entre las formas naturales de un arco rocoso y el azul vibrante del agua, evocando la perfección estética que la naturaleza ofrece. La apariencia de solidez y permanencia del paisaje contrasta con la realidad de los procesos erosivos que lo moldean constantemente, resaltando la fugacidad de la belleza. Este juego entre lo visible y lo efímero conecta profundamente con la reflexión sobre cómo percibimos y valoramos lo bello en el mundo.

IES VICENTE ALEIXANDRE
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